Un viaje a Rusia puede ser como columpiarse en un péndulo del tiempo. Por un lado sientes la vibra de Moscú, ciudad que crece hacia el futuro a la velocidad de la luz. Por el otro, el ritmo del Anillo de Oro, conjunto de ciudades al noreste de la capital. Ideales para descubrir el esplendor de la arquitectura medieval al paso sosegado de la vida campesina, en medio de paisajes en flor.
Sólo un ejemplo: Moscú no para ni duerme. Las tiendas, los bares y los restaurantes se animan las 24 horas. En cada esquina se levantan imponentes rascacielos modernos, símbolo del nuevo orden económico ruso.
En la misma ciudad puedes apreciar la arquitectura monumental de la época de los zares, como la Plaza Roja, donde ubica la residencia del presidente (el Kremlin), junto a la zona comercial e histórica. Es el origen de las principales calles que parten en todas las direcciones al resto del país, y por eso muchos consideran a este lugar el centro de Rusia.
Si quieres un ritmo más sosegado, aún puedes descubrir la vida sencilla y tradicional del país, como lo muestra el documental ‘El Anillo de Oro’, que encabeza esta entrada y que preparó el canal ruso RT.
En Vladímir y Súzdal todo es a escala más pequeña y te remontas a otro tiempo. Aquí se imponen los famosos Monumentos Blancos, conjunto de catedrales, iglesias, palacios y puertas medievales de roca caliza, conocidos por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
En Vladímir, por ejemplo, puedes ver la Catedral de la Asunción, edificada entre 1158 y 1160, una de las principales construcciones religiosas de toda Rusia; así como La Puerta Dorada, ejemplo de los portales que guardaban la entrada oeste en las murallas de la ciudad.
O en Súzdal podrás visitar el Monasterio del Salvador y San Eutimio, monasterio ortodoxo fundado en el siglo XIV, para representar el esplendor del antiguo Principado Vladímir-Súzdal. Ambas ciudades se conocían entre los siglo XII al XIV como la cuna de la cultura y la religión de la Rusia nororiental. Y hay muchos más monumentos que, en medio de los paisajes dedicados a la cría de animales y al cultivo de frutas, todavía muestran su brillo y poderío. ¡Por eso muchos consideran que visitar a esta región es como ir a un museo al aire libre!
